En los albores de la ciudad, el Foro Romano era un valle pantanoso entre las laderas de los montes Palatino y Campidoglio, recorrido por un arroyo, el Velabrum, y lleno de ciénagas. Los habitantes de las aldeas de cabañas en la cima de las colinas usaban el valle básicamente como cementerio. Lo confirman las numerosas tumbas de fosa y de pozo que se han hallado cerca del Templo de Antonino y Faustina, que formarían parte de una necrópolis protohistórica (s. IX - VIII a. C.).

 

                   


Solo con la dinastía real de los Tarquinios, al inicio del s. VI a. C., se empezaron los trabajos que determinarían que el valle del foro acabase siendo el corazón de la ciudad: primero, los reyes etruscos sanearon las ciénagas canalizando las aguas del Velabrum en lo que sería la red de alcantarillado más antigua de la ciudad, la cloaca máxima; luego, con la pavimentación de la plaza y otras intervenciones, esta área se convirtió en el centro político, religiosos y administrativo de Roma durante toda la época republicana y hasta los inicios de la época imperial, cuando el viejo foro, repleto de templos, basílicas, monumentos públicos y edificios privados, fue sustituido por el complejo de los foros imperiales.
 
A continuación, subiremos desde el valle del foro romano al Monte Palatino. Con una altura de 45 metros, el monte da, por un lado, al Foro Romano y, por el otro, al Circo Máximo. La leyenda sitúa los orígenes de Roma en el Monte Palatino. Unas excavaciones recientes han demostrado que los primeros asentamientos en el monte se remontan a aproximadamente los siglos XI-X a. C.: una aldea de cabañas de pocas hectáreas rodeada por la zona pantanosa del Velabro, desde la cual era posible controlar el Tíber. Este primer asentamiento de cabañas es la «Roma Cuadrada», llamada así por los antiguos historiadores debido a la forma irregularmente romboidal del área abarcada: sus límites eran el Ara Máxima de Hércules en el Foro Boario, el Ara del dios Consus en el Circo Máximo, las Curiae Veteres en las laderas del monte Platino, orientadas hacia la colina Velia, y el santuario de los Lares en el Foro.
 
Según la mitología clásica, el Palatino, o más exactamente la zona pantanosa que unía este monte con el Campidoglio, llamada Velabro, fue el lugar en el que Rómulo y Remo fueron encontrados por la loba Luperca que los alimentó con su leche en la Gruta del Lupercal, solo recientemente (2007) localizada en la Casa de Augusto. Según la leyenda, el pastor Fáustulo encontró a los gemelos divinos (hijos de Rea Silvia y del dios Marte) y los crio con la ayuda de su esposa Acca Larentia.
 
Cuando Rómulo, ya adulto, decidió fundar una nueva ciudad, eligió el Palatino, en oposición al vencido Remo, que quería fundar la nueva ciudad en el Aventino.
 
Los emperadores romanos, desde Augusto en adelante, edificaron sus residencias oficiales en el Palatino. Los vestigios de la Casa de Augusto y de los suntuosos palacios de Tiberio y de los Flavios, con el estadio para espectáculos privados ofrecidos por los emperadores, aún se pueden ver y visitar.
 
Bajando del Palatino entraremos en el Anfiteatro Flavio o Coliseo cuyo nombre deriva de la cercana estatua colosal de Nerón con los atributos de Helios.

Fue inaugurado por primera vez en el año 79 d. C. y luego, en el 80 d. C., con ocasión de dicha inauguración, los juegos duraron 100 días y se mataron 5000 fieras. La historia del Coliseo está jalonada de grandes espectáculos y de interrupciones temporales de la actividad debido a terremotos o incendios que dañaron la estructura, pero también debido a las decisiones de la política imperial, que a veces favorecía y a veces frenaba los espectáculos sanguinarios y violentos.
 
Recorreremos los cinco siglos de historia del monumento y viviremos las emociones que experimentaron los espectadores de aquella época paseando por las galerías debajo de las gradas con una capacidad para 50.000 espectadores y saldremos a la gran arena, donde, entre furiosos combates, murieron miles de gladiadores y de condenados a la pena capital entre los gritos del pueblo ebrio de sangre.
 
Duración: 3 h aproximadamente con una pausa de 15 minutos antes de entrar en el Coliseo.
 
Cita delante de la entrada del Foro Romano en Largo della Salara Vecchia, 6 (se encuentra en la Via dei Fori Imperiali, esquina con la Via Cavour). Precio de la visita: 59 € para adultos, 49 € para menores de 18 años y gratis para menores de 6 años. ENTRADA GRATUITA PARA TODOS EL PRIMER DOMINGO DE CADA MES. Para más información y reservar, llamar a los números fijos 0692939974 o 0766840578 o al móvil 3281640180, o enviar un correo electrónico a segreteria@romoloeremo.com, proporcionando todos los datos para que nos podamos poner en contacto; pago directamente al guía, que llevará un cartel de Romolo e Remo.
 
Nota: se comunica que debido a la gratuidad de la entrada, no podremos comprar las entradas en línea y, por lo tanto, no será posible evitar posibles colas. Tampoco será posible evitar las colas y la espera al pasar por el detector de metales.